Tuya es la culpa

El color de tu cara (que hace siempre palidecer de cólera al lirio y enro­jecer a la rosa purpúrea en su propia vergüenza) contestará por mí y te dirá la historia de mi amor. Éste es el color del estandarte bajo el cual he veni­do a escalar tu fortaleza nunca conquistada. Tuya es la culpa, pues tus ojos son los que te han entre­gado a los míos. De modo que, si vas a reconvenirme, me anticiparé para expresarte que tu belleza es la que te ha tendido un lazo esta noche, donde resignadamente es preciso que cedas a mi pasión.

“Tuya es la culpa”, le dice Tarquino a Lucrecia en el momento de asaltarla en su propio lecho, en estas líneas que escribió William Shakespeare en 1594, pero que nos estremecen hoy por su brutal actualidad. Para crear La violación de Lucrecia el poeta se basó en los Fastos de Ovidio, y se dice que también en la Historia de Roma desde su fundación, de Tito Livio. Todo ello pasado por su pluma genial, por supuesto, para contar la historia de la traición de Sexto Tarquino, hijo de Lucio Tarquino el Soberbio, séptimo y último rey de Roma,  quien al escuchar el modo en que presume Colatino sobre la pureza y el recato de su esposa, siente el desafío de mostrar que no hay mujer de la que se pueda destacar la virtud. Lucrecia será la víctima elegida. Su intimidad será invadida; su castidad y pudor, ultrajados; sus lágrimas y cuidados, burlados.

Este bellísimo y doloroso poema se teje alrededor de la violencia de las palabras y los gestos masculinos: desde los hombres que “presumen” a sus mujeres como a propiedades, hasta el que ejerce violencia física. Para ellos, el cuerpo femenino es el botín. Ante el ultraje, Lucrecia toma la única decisión que siente que le restituirá la honra: quitarse la vida. El abuso del poder hace que el pueblo salga a las calles provocando la caída de la monarquía y el establecimiento de la República en la antigua Roma.

La violación de Lucrecia es también el tema de la magistral ópera de Benjamin Britten que lleva el mismo título que el poema de Shakespeare, “The rape of Lucrece”. En pintura ha sido representada cantidad de veces; Lucas Cranach el Viejo, Tiziano, Rembrandt, Durero, Rafael y Botticelli, entre otros se han sentido atraídos por la trágica figura de la romana. Mi obra favorita: la de Artemisia Gentileschi. Una mujer que merecería un artículo aparte, sin duda; pero baste decir en este momento que ella misma fue víctima de una violación, y padeció violencia sexual durante muchos años. El destino de su Lucrecia es en parte su propio destino.

El viernes pasado, 25 de noviembre, se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemoración establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999. Pocos días antes, la traductora, actriz y directora Mónica Maffía nos sacudió con una impresionante interpretación de “La violación de Lucrecia”. Fue en el marco de la Conferencia Internacional sobre traducción de William Shakespeare organizada por el British Council, y se llevó a cabo en un pequeño teatro de cámara del Antiguo Colegio de San Ildefonso. La fuerza de los versos, en traducción de la propia Maffía, así como la sutileza desgarrada de su interpretación,  hicieron de éste un espectáculo conmovedor. No es gratuito que haya sido invitada tantas veces a presentarlo no sólo ante el público en general, sino ante especialistas en violencia de género; particularmente ante quienes tienen que impartir justicia con perspectiva de género, sobre todo en Argentina, su país de origen. Un tema, por cierto, en el que México es pionero en América Latina, gracias sobre todo al trabajo encabezado por Olga Sánchez Cordero desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación (aquí puede consultarse el documento “Protocolo para juzgar con perspectiva de género: http://tsjtabasco.gob.mx/uigdh/resources/docs/protocolos/PROTOCOLO%20PARA%20JUZGAR%20CON%20PERSPECTIVA%20DE%20GENERO.pdf )

En este sentido, Lucrecia ha sido y sigue siendo un símbolo de la lucha en contra de la violencia hacia las mujeres, un grito de denuncia.

A pesar de nuestra legislación, “Se ha estimado, mediante encuestas, que en México una violación sexual ocurre aproximadamente cada 4.6 minutos –alrededor de 120 mil violaciones al año-. El 65 por ciento de las violaciones ocurre en contra de niñas y mujeres de entre 10 y 20 años, y el 13.7 por ciento contra niñas menores de 10 años. El 70 por ciento de las violaciones sucede dentro del mismo contexto social y familiar de las víctimas. (…) De esos 120 mil casos estimados, en tiempos recientes se han registrado sólo alrededor de 15 mil denuncias por violaciones al año. Sin embargo,  no pasan de 4 mil las averiguaciones previas que culminan en la consignación del culpable.” http://horizontal.mx/no-es-pais-para-mujeres-violencia-de-genero-en-mexico/#sthash.uId2fyRM.dpuf

“Tuya es la culpa”, le diría Tarquino a cada una de las víctimas.

Shakespeare cierra así su poema:

“Ella se equivocó matándose a sí misma en lugar de matarlo a él. Corajudo romano, en vez de hundirte  en débiles lamentos, arrodíllate a mi lado y ayúdame a que despertemos a nuestros dioses romanos, ya que Roma toda fue ofendida así que echaremos de nuestras calles a Tarquino con nuestras propias manos. Entonces, por el Capitolio que adoramos, por la sangre inocente derramada, por que  nuestros derechos se respeten,  por el alma pura de Lucrecia y por este cuchillo ensangrentado, vengaremos la muerte de tu esposa amada”

Entonces se golpeó el pecho con el puño y para sellar su voto, besó la fatal daga y alentó a los demás  a hacer lo mismo que -maravillados de él-, avalaron sus palabras y juraron con Brutus. Se llevaron, entonces, el cadáver de Lucrecia para mostrarla sangrando por las calles de Roma y hacer pública la violación de Lucrecia a manos del hijo del soberbio Tarquino. Al obrar con rápida diligencia los romanos decidieron finalmente exiliar a los Tarquino de Roma para siempre.

En la Roma de Lucrecia una sola violación fue la causa de la caída de la monarquía.  ¿Qué estamos esperando nosotros para actuar en contra de la violencia hacia las mujeres? ¿Qué nuevo récord del horror queremos alcanzar? ¿Cuántas miles de mujeres violadas más necesitamos?

Si el llanto pudiera purificar la mancilla, Lucrecia dejaría eternamente correr sus lágrimas, escribió Shakespeare hace más de cuatrocientos años. Podemos hoy luchar por la seguridad, por el respeto, por la justicia… O dejar correr eternamente nuestras lágrimas.

Publicado en Sin embargo 27 de noviembre de 2016
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