Las “chicas superpoderosas” no son una caricatura

Victoria Kent con militares republicanos en el frente de Somosierra., durante el verano de 1936. Foto: El País.

Victoria Kent con militares republicanos en el frente de Somosierra., durante el verano de 1936. Foto: El País.

“Fueron mujeres poderosas, cultas, irreverentes, brillantes, creativas, enamoradas. Tejieron redes de solidaridad, se apoyaron, se acompañaron, muchas de ellas se amaron”. Carmen me contagia su entusiasmo.

Hace un año, en estos mismos bosques de Vermont, me contó las historias que hoy estoy leyendo en el libro que acaba de aparecer en España. Las páginas logran transmitir el mismo entusiasmo que su voz. Una vez más, me contagia. Y no, no estoy hablando de una caricatura; “The Powerpuff Girls” fueron de carne y hueso.

“Se llamaban Victoria, Louise, Gabriela, Marianne, Elizabeth…” Quiero saber más. Quiero saberlo todo sobre estas mujeres que decidieron unirse compartiendo proyectos, preocupaciones, lecturas, actividades políticas y editoriales; pero también viajes, charlas, abrazos, conciertos, exposiciones, atardeceres, risas. Quiero saberlo todo sobre esta red femenina que marcó un largo periodo de  nuestra vida cultural y de la que poco conocíamos realmente hasta la aparición de esta publicación.

“Eran Victoria Kent y Louise Crane, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, Marianne Moore y Elizabeth Bishop, Rosa Chacel y Pilar de Madariaga, Consuelo Berges y Mary McCarthy…”, sigue contándome. “Muchos las llamaron ‘las modernas’. Y sobre algunos aspectos de sus vidas y obras se ha corrido un tupido velo en la mayor parte de las historiografías nacionales.”

Sus acciones en el ámbito público no fueron fáciles de digerir para el “establishment”; ¿por qué eran mujeres? ¿Por qué tenían poder? ¿Por qué eran inteligentes? ¿Por qué no obedecían el estereotipo que dice que las mujeres nunca somos solidarias con otras mujeres? Frente a estos prejuicios y resquemores (incluso frente a ataques abiertos, muchas veces), debieron “unirse, protegerse, escucharse y consolarse”.

Quiero saberlo todo: ¿Cómo llegó a Estados Unidos Victoria Kent –la primera mujer española en ejercer la abogacía, directora general de prisiones nombrada por la República-? ¿Cómo conoció a Louise Crane, hija de una familia culta y adinerada, y cuya madre fue una de las fundadoras del MoMA? ¿Cómo se embarcaron ambas en el proyecto de publicar la que llegaría a ser una de las revistas más importantes del exilio español, Ibérica por la libertad, acompañada de un boletín de noticias, una editorial y un comité de ayuda a los refugiados? ¿Cómo era su relación con el Gobierno de la República en el exilio? ¿Qué sucedió en México? ¿Cuáles fueron las complicidades intelectuales y afectivas que las vincularon a las otras mujeres del grupo? ¿Cómo aprendieron a cuidarse? ¿Qué vínculos establecieron con los políticos estadounidenses? ¿Por qué la transición española prácticamente ignoró el trabajo que habían hecho? ¿Cómo tejieron esas redes de apoyo imprescindibles frente a los poderes más conservadores? ¿Qué puentes crearon entre lo público y lo privado, lo individual y lo político? Lo dicho: ¡Quiero saberlo todo!

 Las páginas logran transmitir el mismo entusiasmo que su voz. Foto: Sandra Lorenzano.

Las páginas logran transmitir el mismo entusiasmo que su voz. Foto: Sandra Lorenzano.

La historiadora Carmen de la Guardia, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, institución de la que fuera también vicerrectora en la época en que el rector era nada menos que Ángel Gabilondo (un estupendo filósofo comprometido con la educación. Un tipo que me encanta, por cierto. Nunca sobra decirlo, ¿no?) –mi querida amiga Carmen, con quien comparto los veranos en Middlebury College- sabe que hay que recuperar estas historias, que hay que contar las vidas de estas mujeres excepcionales, que quedan muchos relatos aún por hacerse. Sabe que es imprescindible decir en voz alta lo que las historias “oficiales” suelen ignorar, minimizar o silenciar. Somos también hijas e hijos de estos silencios, y tenemos que hacernos cargo de esta herencia.

A partir de un trabajo de investigación riguroso, largo, cuidadoso y profundo, en archivos de Estados Unidos, de España y de diversos países de América Latina, y con una pluma deliciosa, Carmen ha escrito un libro de historia sólido y a la vez sugerente, atractivo y sutil, que se lee como la mejor de las novelas. En sus páginas aprendemos una parte fundamental de la historia política y cultural de nuestros países. En lo personal no creo que las chicas superpoderosas sólo nos interesen a las mujeres.

¿O me equivoco?

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