Tendedero de sueños

 PUBLICADO EN SINEMBARGO, EL 29 DE ABRIL DE 2018.

Para Ernestina Gallegos Reyes -la señora Tina-

que llega con flores cada semana

“Yo tengo el sueño de tener una vejez sin dolor de rodillas”, “Yo tengo el sueño de hacerme una casita”, “Yo tengo el sueño de poder tener una carrera en sociología”, ”Yo tengo el sueño de viajar mucho”. Decenas de hojas cuentan los sueños de las mujeres. Los plumones de colores y el papel se vuelven en sus manos herramientas para ponerles palabras a los deseos. Decenas de hojas cuelgan de las cuerdas, haciendo de los anhelos y las esperanzas un inmenso tendedero.

El Tendedero es una actividad política / instalación artística que fue realizada dos veces en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM. Foto: Andrea Santiago

“Yo tengo el sueño de que mis hijos puedan estudiar”, “Yo tengo el sueño de que me acepten con mi bebé”, “Yo tengo el sueño de que me paguen lo justo”… ¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicana?, podríamos preguntar parodiando la canción de Chava Flores.

El tendedero de sueños guarda algunas de las respuestas de uno de los sectores más desprotegidos de nuestro país: el de las trabajadoras del hogar.

“Tender” algo diferente a la ropa de los “patrones” le dio un nuevo significado a una acción cotidiana, la transformó en términos simbólicos en espacio de libertad. La propuesta original es de la artista Mónica Mayer para hacer visible a uno de los sectores más ignorados y discriminados de nuestra sociedad.

En México, 2.4 millones de personas se dedican al trabajo del hogar. De ellas, más del 95% son mujeres que no cuentan con los derechos laborales básicos y de seguridad social, además de ser víctimas de maltrato y baja remuneración.

El desprecio va de lo privado a lo público, de la violencia a la falta de derechos. El lenguaje lo muestra con claridad: sirvienta, muchacha, criada, o incluso el horriblemente despectivo “gata”. Las más progres hablan de “la chica que me ayuda en casa”. No decimos lo mismo del electricista o del arquitecto. El borrar el estatuto laboral de estas mujeres es parte de nuestra vergonzosa herencia colonial; mano de obra barata –a veces incluso gratuita: si tiene casa y comida, ¿qué más necesita?- invisibilizada en los hogares mexicanos. Sin contratos escritos, ni seguridad social, ni aguinaldo, ni vacaciones.

“En México, la Ley Federal del Trabajo explícitamente discrimina a las trabajadoras del hogar, al permitir jornadas de hasta 12 horas diarias y que no sea obligación del patrón pagar vacaciones o aguinaldo. Por su parte, la Ley del Seguro Social excluye a las trabajadoras del hogar de la seguridad social obligatoria, negándoles el acceso a prestaciones sociales como guarderías o préstamos para vivienda.”

Lo sorprendente es que estas cosas no nos sorprendan. No es que no lo sepamos. Estoy segura de que un altísimo porcentaje de quienes leen estas líneas tienen en casa el apoyo de una trabajadora. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer sus derechos? Eso por no hablar de las historias de abuso y maltrato. ¿Cuántas novelas, cuántas películas hablan de la iniciación sexual de los “señoritos de la casa” con una violación a la trabajadora? ¿Cuántas de estas mujeres viven con miedo permanente? ¿Cuántas son culpadas de actos que no cometieron? ¿A cuántas se les permite estudiar, trabajar ocho horas, tener días de descanso?

Consciente de esto, Marcelina Bautista, originaria de Nochixtlán, Oaxaca, comenzó muy joven a luchar por sus derechos. Había llegado a México antes de los catorce años en busca de un trabajo que le permitiera mejores condiciones que las que le ofrecía su propia tierra. Se enfrentó a la discriminación por ser mujer, indígena y pobre; sufrió abusos y vejaciones, y tuvo la certeza de que si se unían todas aquellas que vivían en condiciones similares, las cosas podrían cambiar. Por eso decidió prepararse en distintos ámbitos, incluido el estudiar español y ser bilingüe.

“En 1988 fundó el Grupo de Trabajadoras del Hogar ‘La Esperanza’ para apoyar a personas trabajadoras del hogar y asesorarles en sus derechos laborales. Ese mismo año participó en el Primer Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Trabajadoras del Hogar, celebrado en Colombia. Se capacitó en derecho laboral, y en 2000 fundó el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar, A.C CACEH. Desde aquí promovió los derechos humanos laborales de las trabajadoras del hogar y llevó a cabo el proceso de sindicalización.”

Así nació en febrero de 2016 el Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores del Hogar. Ha recibido múltiples premios, entre los más importantes destaca el Premio Nacional por la Igualdad y la No Discriminación, otorgado por el CONAPRED, el Premio Hermila Galindo de la Comisión de Derechos Humanos del DF, la Medalla Omecihuatl, otorgada por el Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México, y el Premio de Derechos Humanos de la Friedrich Ebert Stiftung de Alemania.

Marcelina Bautista, tenaz, fuerte, comprometida, “entrona”, sabe que la lucha no ha terminado; las leyes están lejos aún de proteger realmente al sector.

Foto: Andrea Santiago

Para avanzar en este tema es IMPRESCINDIBLE que el Estado mexicano ratifique el Convenio 189 y la Recomendación 201 de la organización Internacional del Trabajo. El Convenio está en vigor desde 2013 y ya ha sido ratificado por más de veinte países en todo el mundo. México tiene para hacerlo hasta este lunes, 30 de abril, cuando concluye el periodo ordinario de sesiones del Senado de la República.

De no hacerlo continuarán sin seguridad laboral 97% de las trabajadoras del hogar, se seguirán permitiendo las jornadas de 12 horas y más, y que el 63% viva en la pobreza porque los salarios no alcanzan a cubrir las necesidades básicas. No tendrán acceso a créditos para vivienda ni a guarderías.

La propia Comisión Nacional de Derechos Humanos se muestra preocupada por esta actitud del gobierno federal que ignora la precariedad laboral de millones de mexicanas y mexicanos.
Una carta dirigida al presidente Peña Nieto exigiendo esta ratificación y firmada por más de 20 mil personas fue entregada el jueves en Los Pinos.

En el tendedero, entre deseos y esperanzas, con la idea de que “tender otro mundo es posible”, se repetía la frase “Aún hay tiempo”. Hoy ese tiempo está llegando a su fin.
Ojalá no permitamos que la desidia y el desprecio de quienes deben tomar las decisiones sigan atentando contra los derechos de las trabajadoras del hogar.
Ojalá no permitamos que sigan atentando contra los sueños de justicia.

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