Tiempo suspendido

¿Por dónde empiezo? ¿Por dónde empiezo a contarles lo que quiero contarles? ¿Por las imágenes del río? ¿Por las fotos de los chicos en la playa? ¿Por la ronda de la Plaza? ¿Por los relatos del exilio? ¿Por las ganas de llorar? ¿Por las ganas de abrazar a todas las Madres y a todas las Abuelas? Sí, así, con mayúsculas, porque son ellas, las que dan vueltas cada jueves en la Plaza de Mayo, las que pelean desde hace más de cuarenta años por la verdad, por la dignidad, por la memoria y por la justicia, son ellas las protagonistas de estas líneas. Y ahora que, como tantas otras veces, los poderes más autoritarios y retrógrados vuelven a ensañarse con su lucha, escribir sus historias es un modo de abrazarlas, y de abrazar a los 30 mil desaparecidos.

“Sólo nuestros hijos nos resignifican cuando pueden nombrarnos, y ellos ya no pueden hacerlo. Pero nosotros a ellos, sí”.

“La tortura es también para la madres. ¿Dónde están? ¿Qué les han hecho? ¿Están vivos? ¿Están muertos?”. Foto: Especial.

Tiempo suspendido es un documental que funciona a la vez como ejercicio sobre la memoria, como reflexión sobre la historia argentina y la historia latinoamericana recientes, y como entrañable homenaje que una nieta le hace a una abuela. 1

Comienza con fotografías, con silencios, con la calma del río Paraná. De a poco entran las palabras: lectura de fragmentos de cartas, de documentos, de denuncias dirigidas a instancias internacionales, de reflexiones íntimas, personales, de la que será, junto con la memoria, la protagonista del filme: Laura Bonaparte.

Imágenes en blanco y negro de una familia sonriente. Cuatro chicos que van creciendo. En la playa. En el campo. Jugando. Haciendo gestos graciosos. Nada anticipa el horror. Pero el horror llegará. Llegará puntualmente orquestado por las Fuerzas Armadas argentinas: en un lapso de menos de dos años desaparecerán tres de los cuatro hijos de Laura –Víctor, Irene y Noni- con sus parejas. “La palabra desaparecido es una palabra muy canalla. Noni será la primera. Diciembre de 1975. Aún gobierna Isabel Perón. En algún momento pretender entregarle a la madre las manos de su hija en un frasco.

“La tortura es también para la madres. ¿Dónde están? ¿Qué les han hecho? ¿Están vivos? ¿Están muertos?”. Laura y su marido deciden demandar al ejército. Al poco tiempo desaparecerá también Santiago, el padre de los chicos. “¿Qué se pensaba este judío de mierda? ¿Que podía hacerle juicio al ejército por asesinato?”, declara en algún momento el militar a cargo de la operación.

“La última foto es definitivamente la última –escribe Laura-. Tiempo desaparecido. Suspendido.”

Tiempo suspendido es un documental que funciona a la vez como ejercicio sobre la memoria. Foto: Especial.

Natalia Bruschtein entreteje la historia de su familia con la historia del país; la memoria íntima con la memoria de la sociedad. El homenaje a esa abuela que fuera una prestigiosa psicoanalista y presidenta de Madres de Plaza de Mayo–Línea Fundadora, es un modo de desentrañar, de explorar, de entender, los caminos que clavaron para siempre el dolor entre sus seres queridos.

Laura Bonaparte denunció en todas los sitios posibles, marchó en todas las marchas, visitó todos los hospitales, todas las cárceles, a todas las autoridades que la recibieron, a todos los organismos internacionales, se encadenó en el consulado argentino en México… Llevó a cabo una búsqueda constante, incansable, siempre con su pañuelo blanco en la cabeza (un pañuelo que es en realidad un pañal, porque “¿qué madre no guarda un pañal de sus hijos?”) y con las fotos de todos sus desaparecidos colgadas al cuello. Quizás no haya imagen más brutal del horror de la dictadura que la imagen doliente de Laura.

Pero el pasado de las fotografías, de las declaraciones tomadas de otros documentales y testimonios, del espíritu combativo y reflexivo de las páginas de sus propios diarios y cartas, se combina en Tiempo suspendido con las imágenes de Laura Bonaparte en el presente. Y es entonces cuando el desgarramiento es total. Esta mujer bella a sus ochenta y seis años, alta y triste, ha perdido la memoria. Con una sonrisa melancólica, con la lucidez que guarda su mirada, y muchas veces con humor, mira las fotos de sus hijos, o escucha las preguntas sobre su propia historia, sin terminar de entender de qué le están hablando.

La desmemoria de Laura que, sin embargo, no parece haberla liberado del dolor, es proporcional a nuestra responsabilidad del recuerdo. ¿Qué quedará de nosotros mismos cuando las Madres y las Abuelas ya no estén? ¿Qué quedará de su lucha? ¿Qué quedará de sus nombres, de sus cuerpos, de los nombres y los cuerpos de sus hijos? ¿En qué nos convertiríamos sin esa memoria que es también la nuestra? ¿Será, como dice Yosef Yerushalmi, que el antónimo del olvido no es la memoria sino la justicia?

Por eso aquí seguimos: abrazando a los 30 mil.

1 Tiempo suspendido, documental dirigido por Natalia Bruschtein, estrenado en 2015.

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