Todo beso es político

PUBLICADO EN SINEMBARGO, EL 18 DE MARZO DE 2018.

Para Mariana y Nati
“porque lo combativo ES amoroso”

Les juro que hoy iba a hablar de besos. Será la primavera…

Les juro que hoy iba a hablar de la fuerza no sólo amorosa sino ética y política que guardan ciertos besos.

Iba a hablar de la incomodidad que provoca esa fuerza entre algunos; de las ganas de normar ciertos besos, de disciplinarlos, de cancelarlos y hasta de castigarlos que suelen sentir los “biempensantes”.

Iba a hablar de los besos que acompañan las revueltas, de los besos como resistencia.

Iba a hablar de ese beso que un matrimonio se dio en una estación de metro en Buenos Aires y que terminó con la detención y procesamiento de uno de los miembros de la pareja. La excusa que esgrimió la policía de la ciudad para justificarse fue que se había negado a apagar un cigarrillo. “Aquí había muchos fumando en ese momento”, le contó a los periodistas una de las mujeres que trabaja en la estación, “pero a ningún otro le dijeron nada”. Los documentos oficiales afirman que el proceso fue por “resistencia a la autoridad y lesiones graves”. ¿Qué enojó tanto en el beso de despedida que se estaba dando una pareja –un matrimonio, lo recalco, legalmente constituido- como tantas que se besan en tantas estaciones cada mañana? Lo que enfureció a la policía –los relatos de todos los testigos coinciden en ello- fue que no eran marido y mujer quienes se besaban, sino mujer y mujer, esposa y esposa. ¡Caramba! ¿Qué van a pensar los niños de semejante acto de libertinaje?

Iba a hablar de este beso, de Mariana Gómez y Rocío Girat, de sus infancias marcadas por el abuso sexual y la violencia, de la anhelada tibieza del abrazo de la persona amada ante el horror de la memoria. Pero también de la violencia discriminatoria de los aparatos del Estado, de la facilidad con que se violan las leyes cuando a la autoridad se le da la gana.

Mariana Gómez y Rocío Girat Foto: Tomada de internet

“No me permitieron hablar en la sala  [de la audiencia]. Entonces voy a compartir con ustedes lo que iba a expresar ante el tribunal. Quería decirles que comparen mi procesamiento con el de mis abusadores (Mariana Gómez fue abusada durante años por su padrastro y el padre de éste). Por esta situación absurda, a mí me procesan en menos de cuatro meses. Yo denuncié a una persona por haberme violado durante 16 años y tardaron un año y medio en procesarlo. Cuando me llevaron a la comisaría del subterráneo, me sentí violada de nuevo. Me hicieron mostrarles mis partes íntimas a tres policías femeninas. Me da bronca, porque desde que tengo conciencia ningún juez me dio oportunidad de nada”.

Iba a hablar de todo esto, porque sé que no hace falta ser mujer ni lesbiana para sentir esa misma bronca e impotencia que sienten Mariana y Rocío. No hace falta ser mujer ni lesbiana para defender los derechos ganados para todxs y seguir peleando por ellos.

Iba a hablar de todo esto, pero desde el jueves no puedo dejar de mirar las fotos y los videos de Marielle Franco. Desde el jueves no puedo dejar de leer sus declaraciones, de escuchar sus palabras en la Cámara Municipal, en las calles, con las plazas. No puedo dejar de escuchar los testimonios de su gente, de llorar con quienes están llorando de dolor, de rabia. “Nos están matando”, dicen los “favelados”. “Nos están matando”, decía Marielle en cada una de sus intervenciones. Una de sus últimas denuncias se refería al asesinato brutal de un chico a manos de las fuerzas de seguridad: “Un homicidio más de un joven que se suma a la cuenta de la Policía Militar. Matheus Melo estaba saliendo de la iglesia. ¿Cuántos más precisan morir para que esta guerra acabe?”, escribió en su Twitter.

“‘Nos están matando’, decía Marielle en cada una de sus intervenciones”. Foto: Especial

La siguiente en ser asesinada fue ella misma: socióloga, defensora de los derechos humanos, feminista, militante del Partido Socialismo y Libertad, orgullosa de ser una mujer de la favela, lesbiana, negra. Un atentado, nueve disparos contra el auto en el que viajaba, dos de ellos en la espalda del chofer, Anderson Pedro Gomes, cuatro en la cabeza de una de las mujeres más lúcidas y comprometidas de este continente. Era 14 de marzo.

Había sido elegida como Concejala por 46 mil votos. La quinta concejal más votada de la Río de Janeiro. “No mataron sólo a mi madre”, dijo su hija de diecinueve años, “mataron a 46 mil”. Lloro también yo con ellos. De dolor. De rabia. Por Marielle, por su hija, por Mónica, su esposa, por los favelados, por los cuerpos marginados, por los cuerpos indóciles, por los cuerpos incómodos, por lo cuerpos que le “sobran” al sistema.

No hace falta ser mujer, ni lesbiana, ni negra, ni feminista, para estar hoy indignada y dolida. O mejor dicho: hoy somos muchxs los que nos sentimos negra, feminista, lesbiana, trans, adolescente abusada, mujer golpeada, cuerpo que se rebela contra el disciplinamiento criminal.
Les juro que hoy iba a hablar de besos. ¿Iba? Creo que finalmente sí lo estoy haciendo: estoy hablando de besos. Amorosos, solidarios, combativos. Será la primavera…

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