Las Reinas Chulas: entre Tintán y Simone de Beauvoir

PUBLICADO EN SINEMBARGO, EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2018.

Reinas Chulas 1. Foto: Especial.

Juntas somos la voz de este pueblo,

debemos en eso confiar

unidas habremos de estar

para no dejar de luchar

Las que cantan son Dolores, Esperanza, Teresa y Chuchita, o dicho de otra manera: Ana Francis Mor, Cecilia Sotres, Nora Huerta y Marisol Gasé. Las geniales Reinas Chulas. Cabareteras, actrices, activistas, teatreras, feministas. Escriben, dirigen, actúan, cantan, bailan, y sostienen un espacio independiente de resistencia creativa, “disidente, independiente, diverso y plural”: el Teatro-bar El vicio, en la Ciudad de México.

Foto: Reinas Chulas 1. Tomada de internet

Hace veinte años se reunieron para hacer de la irreverencia, la crítica feroz y el humor más luminoso los destellos principales de su propuesta inteligente y comprometida. Sus espectáculos (¡sesenta y ocho!) nos han ayudado a mirar el país de otro modo; con mayor libertad, con mayor agudeza, con mayor sentido del otrx.

Herederas de El Hábito creado por Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe (y que funcionaba en el mismo espacio de Madrid 13, en Coyoacán), pero también de Carlos Monsiváis y de Salvador Novo, de Brecht y las telenovelas, de Tintán y Simone de Beauvoir, han sabido crear con una mirada propia, una forma particular de hacer cabaret político, divertido y desenfadado.

Estoy de acuerdo con Sabina Berman: deberíamos declararlas “tesoros nacionales vivos”, como lo hacen en Japón con los actores de kabuki y bunraku, otorgándoles así agradecimiento y respeto.

Juntas somos la voz de este pueblo… Cantan en uno de los momentos de la obra con la que se sumaron a la conmemoración por los cincuenta años del movimiento estudiantil de 1968[1], llamada muy significativamente “A Chuchita sí la bolsearon, sí la llevaron al baile y sí le hicieron de chivo los tamales”. Tres maneras en que el habla popular mexicana se refiere al engaño o a la mentira.

¿Será cierto que en este medio siglo a las mujeres nos bolsearon, nos llevaron a bailar y nos hicieron los tamales de lo que se les dio la gana? Las historias de cuatro telefonistas a lo largo de los años irán tejiendo las respuestas.  Nosotros las acompañamos trepados a un subibaja emocional: nos reímos, lloramos, nos enojamos, nos abrazamos, pensamos, no nos resignamos. Y junto con las vidas de estas cuatro mujeres, van las nuestras y la del país.

Las cuatro se van transformando, van cobrando conciencia de su situación, van aprendiendo a luchar por sus derechos. Dolores, la católica madre de familia; Teresa, la jefa implacable; Esperanza, la feminista, y la pobre Chuchita, a la que todo le sale mal. Cuatro personajes entrañables que tejen redes de solidaridad, de sororidad, de amorosas complicidades.

La obra empieza con la celebración por los diez años de Teléfonos de México como empresa nacional:

Hoy es día de celebración

diez años cumplimos hoy.

Nuestra empresa es mexicana

en nuestra patria sale el sol

siempre alerta porque

somos su voz

Y a lo largo de las escenas vemos los cambios que se han dado en nuestra sociedad, en términos políticos, culturales y de vida cotidiana. Los logros y las atrocidades: la libertad que dio la píldora anticonceptiva, y las diversas crisis económicas, la ley de interrupción voluntaria del embarazo y los feminicidios, la marcha del silencio y el halconazo de 1971. Los claroscuros de los últimos cincuenta años aparecen antes de cada uno de los cuadros en videos que hacen una suerte de collage con algunos de los hechos fundamentales de cada década, entre otros: el Concilio Vaticano II, el asesinato de Malcolm X,  la construcción del muro de Berlín, y los movimientos estudiantiles en los 60; el ingreso de Carmen Conde, primera mujer en formar parte de la Real Academia Española y el golpe de Estado contra Salvador Allende en los 70; el asesinato del Cardenal Posadas, el terremoto del 19 de septiembre, Salinas en el poder, en los 80; las privatizaciones, el Fobraproa, la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas al gobierno de la ciudad, el levantamiento zapatista, la masacre de Acteal, en los 90, hasta el presente con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de julio de 2018.

Dentro de este marco de noticias nacionales e internacionales, la vida de cada una de las cuatro mujeres aparece como un entramado entre lo público y lo privado. Tal como sucede, casi sin que nos demos cuenta, con la vida de todos nosotros.

No puedo evitar un escalofrío mientras las escucho cantar: Una  fosa común es mi paísqué más puedo ya decir.

Con enorme ternura, inteligencia y gracia, la historia nos muestra cómo estas trabajadoras atraviesan medio siglo. Las deudas con las mujeres aún son enormes, sin embargo, como dice Esperanza: “Cuando las mujeres se juntan ocurren cosas muy importantes”:

Juntas a la huelga

juntas a marchar,

juntas a vivir

juntas a luchar

juntas compañeras

juntas como hermanas

juntas soberanas

para soñar

Porque sí, cuando las mujeres nos juntamos pasan cosas importante. Entre las cuatro van enumerando: “Las mujeres del 68. Las que montaron su propia maquila en Juárez. Las que se pelearon con los machines del Partido Comunista y se han seguido enfrentando con todos los machines de la izquierda. Las Periodistas de a Pie. Las bordadoras. Las de la autodefensas. Las madres que crearon ‘Nuestras hijas de regreso a casa’. Las trabajadoras del hogar. Las trabajadoras sexuales. Las lesbianas, las bisexuales, las trans. Las zapatistas. Las Patronas. Las del aborto, desde las de Argentina hasta las de acá. Muchas revoluciones pasan cuando las mujeres se juntan.”

Recordar esas muchas revoluciones es la mejor manera de conmemorar el día de hoy: 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Juntas para luchar, para vivir, para marchar, para soñar…

 

 

[1] Esta obra formó parte de “M68. Ciudadanías en movimiento”, la conmemoración por los cincuenta años del 68 encabezada por la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

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